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“La persona experimenta un sentido de unidad con los demás, con la naturaleza, con el universo como un todo.  Se descubren nuevas conexiones entre uno mismo y el mundo exterior.”

 

 

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“El místico reduce su ‘yo’ a un mínimo.  Desea ser un punto infinitesimal de conciencia con el menor ego posible de modo que le sea posible percibir la vida con el menor grado de distorsión…”

 

 

 

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“El psicótico se ve a si mismo como omnipotente y omnisciente; se aumenta el egocentrismo, con un gran sentimiento de ser importante.”
 

 

 

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“Necesitamos permanecer abiertos y respetuosos, sin abrir juicio, ayudando al psicótico a curarse y al místico a vivir plenamente todas las posibilidades latentes en el alma humana.”
 

 

 

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Misticismo y Psicosis
por Tomás Agosin                                                                                             English Version

Desde los inicios de mi carrera como psiquiatra, y mientras trataba pacientes que habían tenido experiencias con imágenes mentales religiosas muy fuertes, empecé a preguntarme si los grandes místicos del pasado hubieran sido considerados pacientes psicóticos en el presente, y si los pacientes que yo trataba se hubieran considerado grandes santos en el pasado. El místico ¿es un psicótico? El paciente ¿es un místico mal interpretado?

Al comparar los dos relatos siguientes, ¿puede usted distinguir cuál es la descripción de un episodio psicótico y cuál es una experiencia mística?

1

De repente, sin ninguna advertencia, me encontré envuelto en una nube color fuego. Por un instante pensé en el fuego, en una inmensa conflagración en algún lugar cercano en aquella enorme ciudad, pero enseguida comprendí que el fuego estaba en mi interior. Poco después me invadió una sensación de exultación, de inmenso júbilo acompañado o seguido por una iluminación intelectual imposible de describir. Entre otras cosas, no fue que solamente llegué a creerlo, sino más bien vi que el universo no está compuesto por materia muerta, al contrario, es una Presencia viva; tomé conciencia de la vida eterna en mí mismo. No era la convicción de que yo iba a tener vida eterna, sino la conciencia de que yo poseía la vida eterna en ese momento; vi que todos los seres humanos son inmortales; que el orden cósmico es tal que sin ninguna duda todas las cosas trabajan juntas para beneficio de cada una y de todos; que el principio fundador del mundo, de todos los mundos es lo que nosotros llamamos amor, y que la felicidad de cada uno y de todos es absolutamente cierta al final.

2

Desde la primera experiencia me pareció que era algo sagrado. Lo que vi fue el Poder del Amor –el nombre se me ocurrió en ese momento–, el Poder que de alguna manera yo sabía que había hecho todos los universos, pasados, presentes y por venir, que es totalmente infinito, una infinidad de infinidades, que ha conquistado el Poder del Odio, su opuesto, y así ha creado el sol, las estrellas, la luna, los planetas, la tierra, la luz, la vida, el gozo y la paz, sin final… En esa paz yo me sentí absoluta y completamente perdonado, aliviado de toda carga de pecado. La infinidad total parecía abrirse ante mí, y durante las semanas y los meses que siguieron pasé por experiencias que son virtualmente indescriptibles. La completa transformación de la “realidad” me transportó a lo que sería el Reino de los Cielos. Me siento tan cerca de Dios, tan inspirado por Su Espíritu que en cierto sentido yo soy Dios. Puedo ver el futuro, planear el Universo, salvar la Humanidad; soy absoluta y completamente inmortal; soy equitativamente masculino y femenino. El universo completo, animado e inanimado, pasado, presente y futuro está en mi interior. Toda la naturaleza y la vida, todos los espíritus están cooperando y conectados conmigo; todas las cosas son posibles.2

Similaridades

Para mi, está claro que los episodios y las experiencias místicas tienen muchas características en común.

Intensa subjetividad: la persona está totalmente enfocada en lo interior. La persona es atraída irresistiblemente hacia lo que está sucediendo dentro de ella, de modo que el mundo exterior y los aspectos comunes de la vida cotidiana parecen irrelevantes. El mundo exterior solamente es relevante si refleja la experiencia profunda y subjetiva que la persona está viviendo

Sensación de noesis: Algo muy importante le ocurre a la persona. En ambos tipos de experiencias, la atención de la persona se sostiene con la sensación de que un mensaje importante o un conocimiento se va a descubrir.

Calidad inefable: Tanto en la psicosis como en las experiencias místicas las vivencias son muy intensas y las personas tienen dificultades para expresarlas en palabras. Uno simplemente no puede comunicar toda la riqueza y la intensidad que encuentra. Ambos tipos de experiencias están más allá de lo racional y lo normal, y de la forma ordinaria en que se experimenta en la vida.

Pérdida de límites personales: Ambas experiencias a menudo están acompañadas de una pérdida de límites del yo. La persona experimenta un sentido de unidad con los demás, con la naturaleza, con el universo como un todo. Se descubren nuevas conexiones entre uno mismo y el mundo exterior. Los límites claros entre el yo y lo externo se diluyen.

Distorsión del sentido del tiempo: En ambas realidades, el sentido lineal del tiempo (pasado-presente-futuro) se pierde, así el presente aparece como la única realidad. La intensidad de la experiencia en el presente da la sensación de que es eterna, y de que durará para siempre.

Cambios perceptuales: Son muy comunes las percepciones aumentadas en todas las modalidades sensoriales, en sinestesias y en fenómenos alucinatorios (sobre todo visuales y auditivos).

Experiencias afectivas intensas: Ambos sienten intensas emociones. Grandes momentos de éxtasis y grandes momentos de terror son a menudo descritos. Las experiencias afectivas más negativas tienden a ser más comunes en las personas psicóticas, pero se pueden experimentar en cualquiera de los dos.

Intento de renovación y cura: La experiencia mística implica una expansión del estado de conciencia actual. Es el intento de la psique por romper los límites de una personalidad totalmente atrapada en el ego. El místico ve su relación con la totalidad de la vida, y a través de su nueva visión expande su identidad y el sentido de sí mismo. Las experiencias místicas sanan el estrecho y limitado concepto de sí mismo, transformando esa pequeñez en un ser más profundamente conectado con la totalidad de la vida. La psicosis es también un intento de renovación y cura. La persona ha llegado a un callejón sin salida en su vida psicológica, y la única forma en que puede resolver ese estado mental es a través de una drástica transformación. John Percy en The Far Side of Madness3 habla de la psicosis como un intento de la psique de pedir prestadas tanto la energía como las imágenes de la capa arquetípica del inconsciente para sanar un quebrantado sentido de sí mismo. Él describe cómo el individuo en psicosis aguda pasa por un proceso de muerte, renacimiento y renovación simbólica para curarse a sí mismo.

Estado de conciencia alterada: Aparece después de un período de preparación o de un estado de agitación, seguido por una inmediata realización. Evelyn Underhill describe esta progresión, desde la preparación hasta la experiencia mística, en su libro, Mysticism.4 Malcolm Bowers en Retreat from Sanity5 describe este proceso de aumento de la ansiedad, estados alterados y repentina realización psicótica de pacientes. Peter Buckley explica la similitud en los estados alterados de conciencia en las experiencias místicas y los episodios psicóticos como debida a la posibilidad de que haya un limitado repertorio de respuesta en el sistema nervioso central para tales experiencias de estado alterado, a pesar de que el precipitante para entrar en él puede ser muy diferente.6

Diferencias

Aunque hay muchas similitudes entre la fenomenología y las experiencias subjetivas del misticismo y de la psicosis, hay también algunas diferencias profundas. Como dijo Ram Dass en una conferencia sobre el Budismo y la Psicoterapia: “Mi hermano psicótico piensa que él es Jesucristo y sólo él. Yo creo que yo soy Jesucristo y todos los demás también.”

Apego al mundo: El místico, a través de prácticas de auto-control, concentración y estudio, reduce gradualmente su apego al mundo. El místico ve el mundo material como transitorio y valora lo que percibe como algo más permanente y eterno.

El psicótico también se desapega del mundo y se centra en las experiencias internas hasta llegar a la exclusión de las normas sociales y de normas de comportamiento establecidas. Pero los también están muy sometidos a intensas y profundas reacciones ante lo que suceda a su alrededor. Los límites de su ego se rompen fácilmente y, a causa de la incapacidad de controlar sus emociones, fácil y rápidamente oscila de un estado a otro. Así, estos pacientes quedan con interrupciones en la continuidad de su sentido de ser y del mundo en que viven.

Imagen de si mismo: El místico reduce su “yo” a un mínimo. Desea ser un punto infinitesimal de conciencia con el menor ego posible de modo que le sea posible percibir la vida con el menor grado de distorsión; percibe la personalidad como una barrera, un filtro que no le permite a la propia conciencia percibir la vida en su forma más auténtica. Humildad ante la inmensidad del universo es una actitud común en el místico.

El psicótico se ve a si mismo como omnipotente y omnisciente; se aumenta el egocentrismo, con un gran sentimiento de ser importante. Se siente el centro del mundo, y que es lo suficientemente importante como para tener un valor único.

Identidad del ego: El místico deja de lado la identidad del ego. Trabaja para trascender la pequeñez del ego y trata de encontrar un sentido más expansivo de sí mismo. El ego del psicótico nunca ha adquirido una identidad fuerte y con frecuencia se aferra a los pocos fragmentos de sí mismo que puede encontrar.

Serenidad: La serenidad se expande en el místico a través del desapego a lo temporal y efímero. El místico se identifica con lo eterno, aquello que es lo más sagrado, lo más valioso. En esa identificación profunda el místico encuentra paz y tranquilidad interior. El psicótico, sin embargo, encuentra poca serenidad en su vida. La vida emocional y mental del psicótico están completamente fragmentadas: el temor y la falta de control mental son estados predominantes.

Cambio: El cambio es bienvenido por el místico que está abierto a posibilidades nuevas. La persona psicótica tiende a rechazar el cambio, porque cualquier cosa nueva acarrea todo un conjunto de circunstancias para aprender y para resolver; esto asusta al paciente porque en ellos tanto la identidad del yo como la fuerza interior son demasiado débiles como para afrontar una nueva situación.

Proceso mental: En la experiencia mística los procesos del pensamiento no se encuentran interrumpidos. En la experiencia del psicótico el pensar se vuelve desordenado y fragmentado.

Elementos paranoicos y agresivos: Se encuentran exclusivamente en la experiencia psicótica, a tal punto que a veces son difíciles de controlar.

Experiencias alucinatorias: En el místico tienden a ser de naturaleza visual. Con frecuencia se describen como visiones de luz, de seres superiores o de bellísimos fenómenos panorámicos, todo de un carácter muy positivo. El psicótico tiende con más frecuencia a experimentar alucinaciones auditivas, que son por lo común negativas y espantosas porque son proyecciones de pensamientos inaceptables que la persona sufre y que ya no puede mantener enterrados en el inconsciente.

Limitación en el tiempo: La experiencia mística es limitada en el tiempo. Dura comúnmente poco, pero deja una impresión intensa en la memoria y tiene un profundo impacto en la persona que la experimenta. Lo deja a uno con un sentido nuevo de sí mismo y del mundo.

La psicosis, en cambio, puede llegar a ser una condición crónica.

Consecuencia: La consecuencia de lo que se experimenta es la diferencia más importante entre el misticismo y la psicosis, y yo creo que con frecuencia es el único modo de diferenciar los dos estados. La experiencia mística deja al místico más conectado y comprometido con el mundo. Expande su capacidad de amar y de servir. El místico se vuelve más apreciativo de la belleza y del milagro de la vida. La experiencia mística deja al individuo con un sentimiento de reverencia por toda la vida, sentimiento que abarca cada aspecto de la vida y la muerte como algo sagrado. La psicosis desafortunadamente deja al psicótico más encerrado en sí mismo; limita sus posibilidades de conexión con el mundo porque el necesita protegerse de la ansiedad que tal conexión produce. Reduce su capacidad de amar porque no se puede olvidar a sí mismo; gasta tanta energía en sobrevivir que le queda poca energía psíquica para alguna otra cosa.

Hay momentos en que es muy difícil saber qué le está pasando a una persona, y es sólo el resultado de la experiencia lo que puede clarificar retrospectivamente qué pasó.

Lo más importante es que yo espero que esta discusión nos haga más sensibles a la experiencia personal y subjetiva de los demás. Necesitamos permanecer abiertos y respetuosos, sin abrir juicio, ayudando al psicótico a curarse y al místico a vivir plenamente todas las posibilidades latentes en el alma humana.


Referencias

1. Descripción de la experiencia mística del Dr. Burke, como se cita en:
William James. The Varieties of Religious Experience. Macmillan Publishing Co., 1902, Collier Book Edition, 1961, pp. 313-314.

2. Descripción por John Cunstance de sus experiencias psicóticas, como se citan en:
Peter Buckley, “Mystical Experience and Schizophrenia.” Schizophrenia Bulletin, Vol.7, No.3, 1981, p.517.

3. John Perry, The Far Side of Madness. Englewood, NJ: Prentice, Hall, 1974.

4. Evelyn Underhill, Mysticism. New York: The World Publishing Company, 1955.

5. Malcom Bowers, Retreat from Sanity. Baltimore, Penguin Books, 1973.

6. Buckley, p.521.


Este artículo fue publicado originalmente en Seeds of Unfolding, Vol.VI, No 4, otoño de 1989. Es un de los muchos escritos del Dr. Tomás Agosin, un psiquiatra en el Departamento de Psiquiatría en la Universidad de Medicina Albert Einstein en Nueva York y miembro fundador de Cafh en Nueva York. El Doctor Agosin falleció en 1991.




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